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Consejos para formar un hijo con caracter

“Lo que solía pasar a los niños de primero de preparatoria, ahora es “rutina” del último año de la primaria y primer año de secundaria: Problemas con la ley, promiscuidad, embarazos, fiestas con alcohol, drogas…” Theodore R. Sizer Orientador American High School Boston Ser padre es una labor difícil por naturaleza. No se estudia para ello y en la actualidad la labor es aún más difícil ya que se cuenta con menos “aliados” que antes: familias unidas, vecinos colaboradores, sociedad comprometida… Hoy se tienen más enemigos: Una cultura mediática cada vez más tóxica, otros padres permisivos, salarios deficientes que impiden estar más tiempo con los hijos, mayor estrés… Por tal motivo, quienes tenemos el privilegio de “darnos cuenta” de esta situación tenemos que actuar pronto y bien, si queremos hijos con carácter que puedan construir por ellos mismos su plenitud y felicidad. 1.- El desarrollo del carácter debe tener la más alta prioridad. Los hábitos que formamos en nuestros niños y adolescentes son fundamentales en la formación de su carácter, entre otros, reflexionemos en los siguientes: Sabiduría para tener buen juicio y poder discernir entre lo bueno y lo malo. Justicia, que es el respeto a la dignidad de toda persona, incluido uno mismo; de ella emanan la tolerancia y la honestidad. Fortaleza y autocontrol que implica paciencia, perseverancia. Amor y generosidad, que se entiende como sacrificarse por los demás. Gratitud que es el secreto de l vida feliz. Humildad, el deseo de ser mejor. Es importante establecer ciertas reglas, por ejemplo: no quejarnos por la exigencia no de nuestros jefes ni de los maestros, no buscar excusas, no mentir, cuando cometamos un error es importante aprender de él… 2.- Ser padre con autoridad moral y tener claro el derecho a ser respetado y obedecido por nuestros hijos. Los padres deben tener “cero tolerancia” con las faltas de respeto verbales y conductuales. Existen tres tipos de padres: los permisivos, los autoritarios y los padres con autoridad. Los permisivos son siempre inseguros y débiles y generalmente pretenden “comprar” la conducta de sus hijos. Los autoritarios son padres pocos cálidos, gritan siempre, dan muchas órdenes y amenazan. Los padres con autoridad, son quienes con su testimonio de vida íntegra dan argumentos congruentes para exigir y para dar ordenar con firmeza y coherencia. Logran un ambiente familiar de armonía, seguridad y amor. “Los hijos con padres con autoridad son perseverantes y exitosos y son los menos propensos a consumir drogas, alcohol y a caer en otros peligros graves” Laurence Steinnberg 3.- Amar a los hijos. Los padres que aman dedican el tiempo suficiente para estar junto a sus hijos para escucharlos, para jugar, para dialogar, para sacrificarse, para convivir… A los niños les importa darse cuenta de que a sus padres les importan. La calidad del tiempo es importante, la cantidad también. El exitoso Doctor Christian Barnard, quien llevó a cabo el primer transplante de corazón, recuerda los momentos que pasaba junto a su padre: “Si estábamos enfermos, mi padre se levantaba en las noches para cuidarnos. Cuando mi padre escuchaba mi llanto en la noche a causa de unas dolorosas infecciones en las uñas del pie, se levantaba y me las curaba con un emplasto de leche y migas de pan o de jabón blanco y azúcar. Cuando estaba resfriado, me aplicaba in ungüento en el pecho y lo cubría con un pañuelo rojo de franela. Los domingos por la tarde caminábamos juntos hasta la cima del cerro junto al dique. Una vez allí, nos sentábamos sobre piedras y observábamos el pueblo que estaba a nuestros pies. Luego, yo le contaba mis problemas y él me hablaba de los suyos…” 4.- Enseñar a través del ejemplo, los niños están siempre observando. Por eso, si se produce una discusión en la pareja, los niños escuchan el lenguaje que usan sus padres, sus opiniones sobre los diferentes temas de la vida y deducen de ellos el sentido de la ética y de la moral. 5.- Conocer el ambiente en que los hijos se desenvuelven. Ello implica que no sólo hay que conocer a los amigos de los niños, sino a las familias de sus amistades. Estar al día del contenido y dominio de las redes sociales que sus hijos visitan, así como del resto de los medios masivos de comunicación que hoy saturan la existencia. Todo esto exige no sólo del conocimiento sino, sobre todo, la presencia de los padres en su uso y manejo. 6.- Enseñar directamente para formar hábitos y educar la conciencia lo que implica dar mensajes claros y con intención. Esta debe incorporar la explicación de por qué algunas cosas son buenas y otras no: “Saluda y despídete siempre… Pide las cosas por favor y da las gracias… No interrumpas… Mira a los ojos a la persona con la que hablas… Recoge tus juguetes y ropa… Cubre tu boca cuando toses… Ayuda a la persona que veas que va cargando cosas…” 7.- Disciplinar con sabiduría, enseñar a los niños a tomar buenas decisiones. Cuestionar sus actos, por ejemplo: “¿Me gustaría que alguien me hiciera esto a mí?, ¿Qué sentirían mis padres si descubrieran esto que hago?, ¿Es justo para todos?, ¿Me sentiré bien conmigo mismo después?, ¿Me gustaría que esto que hago o digo fuera publicado en la primera página del periódico?…” 8.- Resolver los conflictos de forma justa. “Piensa en alternativas para solucionar tú mismo el problema en el que te encuentras… Asume las consecuencias… A quién crees que debes pedirle un consejo…” 9.- Practicar las virtudes. No basta que sólo se hable de ellas, sino que se entreguen responsabilidades en la vida familiar que les permitan aplicarlas: “Visitar un orfanato, ayudar a quiénes los necesitan, apoyar a los abuelos, acompañar a un compañero con alguna discapacidad, hacer comida para los familiares del hospital general, un día al mes…” 10.- Fomentar el desarrollo espiritual de los hijos, hay estudios que demuestran que los niños que fortalecen su fe y tienen niveles altos de altruismo, son los menos propensos a los peligros que implican las drogas, la pornografía y el abuso. Papá, mamá, dile todos los días a Dios: “Te encargo a mis hijos, son tuyos y TÚ los amas mucho más que yo”.

Thomas Lickona

*Adaptación: Olga Moreno

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