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¡Los límites liberan!, no esclavizan.

Sin los límites "la libertad" sería una cárcel.

Los límites nos liberan, nos configuran, nos protegen y orientan nuestro trayecto vital.

La República Mexicana sin límites no sería la República Mexicana... Una carretera sin límites bien trazados se convertiría en un caos, en un camino incierto y peligroso.

La falta de límites es quizá uno de los más grandes problemas que enfrentamos como humanidad.

Por desgracia nuestra historia se ha regido por la 'ley del péndulo', pasamos de una generación rigorista, legalista, amenazadora y autoritaria, a una generación sin brújula ni timón... Hoy difícilmente conocemos los límites, en el comer, en el beber, en el jugar y apostar, en el comprar, en el tener, en el abandonar, en el pelear, en wasapear, en facebookear, en tuitear, en gritar, en publicar, en maltratar...

Padres que hacen hasta lo imposible por darles a sus hijos todo cuanto se les antoja: juguetes, iPods, iPads, motos, coches, aviones... de acuerdo a su nivel financiero pero ¡sin límites! Cada día más llenos y paradójicamente más vacíos... Curiosamente, la palabra “límite” da la sensación de esclavitud cuando en realidad son la puerta de la libertad.

Por ejemplo, mis pulmones y los de todos los seres humanos nacidos hasta el día de hoy, tienen un "límite" natural para crecer, desarrollarse y funcionar fuertes y sanos: están diseñados para recibir oxígeno. Cuando se transgrede ese límite y durante su vida reciben sobredosis de nicotina u otras sustancias, dejan de funcionar en forma saludable y caen en la cárcel de la adicción, de la enfermedad... El hígado, ese milagroso y maravilloso laboratorio de nuestro organismo, tiene sus propios "límites", y cuando no se respetan y no recibe las sustancias adecuadas que su naturaleza exige, cae en el caos, en la esclavitud de enfermedades, muchas veces incurables.

Los límites habitan en el interior de nuestra singularidad humana, no vienen dados del exterior, sin sentido y por imposición... Aquello que se vivió en épocas pasadas, cuando las órdenes y reglas venían dadas por otros y jamás 'transitaron' por la reflexión y convencimiento personal, ni se asumían como una 'necesidad' de autoconstrucción de la propia felicidad y plenitud; dio como resultado una "contención irreflexiva" que un día explotó como una bomba y se pasó al extremo opuesto: al de 'no regirse por nada ni por nadie', se pasó de un tipo de esclavitud a otro, igualmente devastadora.

No es libre la veleta que navega en el mar, es esclava de todos los vientos... Es libre la barca con brújula y timón que tiene un destino, una meta, una intencionalidad, una finalidad.

Los límites tienen su propia “historia”, su propia "edad"... En la infancia los descubrimos como si estuvieran fuera de nosotros, nos configuran y nos dan la seguridad indispensable y, más tarde, al reflexionar sobre ellos, los adoptamos como fruto de un proceso de convicción, de madurez, de elección y liberación personal.

Un bebé de un año o dos, encuentra en el exterior los límites que, quien lo educa y es 'autoridad', le impone. Por ejemplo: no tocar un cuchillo ni unas tijeras... al crecer, él mismo comprende y aprende.

Éste, es el único camino hacia la auténtica libertad, la que va desde la autoridad que nace del "testimonio congruente" de la vida del adulto que educa, hasta la conquista de la autonomía que nace de la reflexión personal y de la conciencia, que nos permite llegar a ser “ley de nosotros mismos”.

Nadie mentalmente sano podría aspirar a algo que lo pueda dañar, jamás elegiría algo que estuviera contra su propia naturaleza, jamás decidiría algo que destruyera su dignidad.

Sería terrible entonces, que fuera nuestra naturaleza o la naturaleza misma del universo, las que nos tuvieran que sorprender con pequeñas o grandes catástrofes a modo de 'aviso', de la falta de vivencia de los límites...

Aspirar a un mayor sentido de la justicia, del amor, de la generosidad, constituye uno de los más grandes ideales de la humanidad. Es necesario para ello vivir desde la verdadera libertad cada vez con mayor sobriedad, control y dominio, cada quien en conciencia de lo que más necesita conquistar...

La austeridad es elegante y el despilfarro es corriente y vulgar.

¡Los límites nos harán libres!, en ellos encontramos el corazón de nuestro destino.

Olga Moreno

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